miércoles, mayo 24, 2017

Expansión adiabática

Para indah, de nuevo in memoriam

Delimitar la inanimidad en una roca
(olvidar las algas microscópicas,
los virus, las bacterias,
los hongos, los musgos, las esporas)

Lo inánime suele ser mucho más grande:
Mírate a ti.
Mírame a mí.
        Mira todo lo que faltó y sigue en falta.

La inanimidad resulta complicada
porque se llena de sueños, de recuerdos,
de esperanzas que se expanden adiabáticamente
hasta congelar el alma.


domingo, abril 23, 2017

De alacranes y urnas

A mi madre, in memoriam


Para ti el cristal y el mármol.
Para nosotros, el plástico y la vida.
Chico, a la muerte de su madre.


Se dan las circunstancias:
    Un nuevo cuaderno.
    Una nueva época.
    Tú primer no cumpleaños.

Cuando miro las fotos de familia
me enternecen las que te muestran como novia
-mucho menos las de madre-

Me enternece la razón oscura que hizo que os unieseis
para parir al mero accidente que ahora os escribe.

Y, por más que no quiera,
el recuerdo imborrable
es el de tus ojos tristes porque siempre me iba,
y tus manos ajadas por tanto trabajo.

Alacrán la ceniza resguardada en la urna.

Y Amparo a mi padre.


domingo, marzo 19, 2017

Acabar con Chopin de una bofetada

Negro el blanco azul obscuro de tus ojos
como el pezón ardiente que me quemó los labios cuando intenté apagarlo con la boca.

Labios como ampollas en un quehacer de sabios inútiles que aún siguen llorando.



En la inmarcesibilidad profunda de la ausencia
radica la asunción atea de la nada.




En la deserción del desierto de los tártaros




Querida amante en muerte y en peldaños que descienden de la vida:

No busques más sortilegios estériles

ni más leyendas que te distraigan en el camino hacia la timba:

juguémonos al mus

-arriesgando la bolsa y las pleuras-
un camino común hacia la tumba:

una vez te fue dada la inmortalidad cuando todo

-salvo el presente-

resultaba renunciable,

cuando lo inasible se limitaba a un par de cuerpos

anexionados por la pasión prisionera de la dicha:

narrados en tiempo cotidiano,
esculpidos con el cincel que se inscribe entre las sábanas
-a falta de un mejor lienzo que pueda cobijarnos-
expulsados de la orilla de la historia,
rozamos la inmortalidad del vigilante
que deserta
de la vigilancia del desierto de los tártaros.







Nota para oyentes: Tapaos las orejas con el vídeo, observad sólo la música.


domingo, marzo 12, 2017

En la última hoja del cuaderno

Empleo las palabras que me has enseñado.
Si no significan nada, enséñame otras.
O deja que me calle.

Samuel  Beckett



Respondo a la verdad con un espejo.
Respondo a la mentira desde un espejo.
Habito en el silencio de una esponja.

Rompo el espejo con una esponja
henchida de hiel petrificada.

Soy mimético lincélico celíaco inaptádico
incloncuso reflujo de una espiga branquial mesopotámica
que sufre de tigris en el eufrático refugio
de una amígdala que reparte su papel entre un cerebro y su garganta
y confunde su función en forma inopinada.

-Éste es el escrito en la última hoja del cuaderno
que empecé a escribir hace once años-

Se acaba el papel que busca tinta…
pero perdura la tinta que se extiende entre la idea que no acaba.







domingo, febrero 05, 2017

Acaso digas algo

A RMR, en la forma de Islandia en la que sueñan los niños

Cuando escribo,
confundo las palabras y los gestos
y no sé si digo amor o digo ancho,
o si escribo lucidez o digo páramo,
escribo  acantilado y grito  rosa,
o escribo reyes mientras sueño martín y callo bruma
mientras digo isla y Rèunion en un secreto blanco
-en un oscuro salmo-
cuando escribo teno,
cuando digo alto.


En ése no saber qué digo,
digo escribo, digo amargo,
digo falda, digo corta,
digo cruces o paraguas
digo  turba, digo tumbas,
digo alas, digo hadas
o escribo faltas y plomadas,
digo valles, cimas y vaguadas,
escribo flor y digo espina,
digo raíz y digo roca,
escribo nada:
dime algo.


domingo, enero 15, 2017

Para mi blanca Blanca


En su octavo (y un día) post-cumpleaños

A la blanca luna
y a la niña Blanca
al nácar ajado
y al sabor a caña
a la negra suerte
y a la gris azaña
de  dejarnos vivos sin tener a Blanca;
a las pozas tiempo,
alas a las almas
llamas a las velas que por ella enciendo
-en cualquier iglesia,
en cualquier estancia-
sin que sepa a falta,
que, sin ser pecado, suena a sacrilegio,
que por ser sacrílego,
ella aún me salva.

A las pozas tiempo,
a los pozos agua.
Viento a las raíces,
también a sus ramas,
también a mi Blanca
de tan blanca  alma.



οντος de la φάλαινα*

Y somos ballenas varadas en el cielo
que llenan de sombra nuestros cuerpos,
y fuimos ballenas en los sueños y en las piedras
que abortan como subproductos del diamante,
y seremos ballenas en los barros
y en la escama que resulta microscópica:
nunca fue el ser ballena cosa del tamaño,
nunca fue el ser ballena cosa del talento.

Sólo se es ballena
cuando resulta irrenunciable.



(*) Ontología de la ballena, o de la irrenunciabilidad al serlo.

domingo, enero 08, 2017

Juntos en el sueño, armados en el llanto

No dormir de abrazos
no dormir de arañas
no dormir de látigos
no dormir de lámparas

no dormir como quien dormita una tarde de un verano
no dormir en la vereda
no dormir en el barranco
no dormir entre las peñas
no dormir como quien vomita sueños en los páramos

no dormir a vuelapluma
no dormir a tinta ni a tinajas
no dormir a saltos
no dormir de saldo.

No dormir como quien se nutre.
No dormir como quien descansa.
No dormir como el que sueña.
No dormir como el que alcanza.

Dormir a manos llenas porque no queda otra salida.
Dormir rezando un ateísmo.
Dormir porque te vencen las ausencias.
Dormir porque deseas velar la muerte de los sueños.
Dormir de branquias y de espinas.
Dormir de estómago, y de llanto.


Entre tus nalgas y lo escrito

Cuando la juventud se esconde entre los años
los ojos parecen ser su resistencia:
mirar, amar, como si aún tuvieras fuerza,
cómo si el latido aún fuera suficiente,
cómo si la pérdida resultara soportable,
como si los vivos supieran de los muertos algo más que el nombre de su sabor a tierra.

Como si tus nalgas aún tuvieran tacto.
Como si mis manos aún tuviesen la capacidad del tacto.
Como si tus labios aún tuviesen besos.
Como si mis dientes aún mordieran labios.

Como si lo escrito fuera sólo silencio.
Como si lo callado sólo sea lo escrito.